EL PASADO
MAÑANA HA LLEGADO Y CON ELLO LA LLEGADA DEL VERDADERO ÜBERMENSH O SUPRAHOMBRE
"A
determinada altura todo coincide y se identifica: las ideas del filósofo, las
obras del artista y las buenas acciones". Friedrich Nietzsche.
El espíritu
que estaba buscando Nietzsche para el hombre es un espíritu libre, no
subordinado a alguna forma de señorío sino a él mismo; pues él mismo debe ser
señor de su "yo". Sin embargo, para que el hombre llegue a ese estado
de vida, tiene que pasar antes por un proceso que Nietzsche llama las tres
transformaciones del espíritu, "de cómo el espíritu se transforma
en camello, el camello en león, y finalmente el león en niño".
Desarrollaremos este proceso como sigue:
a) El
camello.
"Muchas cargas soporta el espíritu cuando está poseído de reverencia, es
espíritu vigoroso y sufrido". De hecho, para Nietzsche, el hombre se ha vuelto como un animal de
carga, lleva en sus espaldas una pesada carga de teorías y tradiciones
religiosas porque tiene la esperanza de una "supuesta" vida eterna
después de la muerte. Pero si nos ponemos a pensar sugeriría Nietzsche, nos daríamos
cuenta que en el fondo nadie ha experimentado una vida así pensada, y por lo
tanto; pensar de esa manera no estamos haciendo otra cosa que refugiarnos en una
falsa idea, convertida quizás en monomanía. Esta idea debe ser erradicada de
nuestra mente. En el fondo lo que queremos con esa idea de una
"supuesta" vida eterna después de la muerte es encubrir nuestro patético
miedo a morir. Debemos enfrentar la vida con todas sus contrariedades y
contradicciones. Tenemos que asumir que la vida humana es bella, pero también
trágica.
Asimismo,
pensar que nuestra vida es sólo un peregrinaje a una "vida
verdadera", en el fondo lo que estamos haciendo es rehuir nuestra finitud,
no queremos aceptarnos como seres exclusivamente limitados. Debemos reconocer
que no somos dioses, sino de condición humana, y a veces tan humana que desearíamos
dejar de serlo. Incluso el cristianismo diría Nietzsche, en nuestro caso el
catolicismo, al igual que el platonismo, consideran que nuestra vida es un
peregrinar de la vida finita a la "vida infinita", del tiempo a la
eternidad; y por lo tanto resulta que la verdadera vida sólo se encuentra donde
ellos la tienen pensada. Esa idea diría Nietzsche, no es real, porque ¿cómo
podríamos afirmar con verdad y certeza un pensamiento de ese tipo si nadie está
seguro si existe o no? El problema en esto diría Nietzsche es que el hombre está
aún en condición de camello y lo único que hace es asumir un "yo debo".
Cae, se levanta, y al igual que el camello lleva pesadas cargas, y "así
marcha hacia su desierto".
Ese
"yo debo" lo asume porque cree que de esa forma se ganará la
"vida eterna". En consecuencia, este hombre en condición de camello
no hace otra cosa que aceptar los sufrimientos, acepta la vida como un valle de
lágrimas por el hecho que según él no se encuentra en una verdadera vida. Cae y
a veces se levanta con gran dificultad, pero tiene que hacerlo para ganar
"la eternidad", "la verdadera vida feliz". Pero el hombre,
no debe seguir viviendo y pensando de esa manera, debe convertirse de camello
en león.
b) El león. Este caso diría Nietzsche, es la etapa del
proceso de transformación antes mencionado, donde el espíritu "quiere
conquistar su propia libertad, y ser señor de su propio desierto [...], quiere
ser amigo de su señor y su Dios, a fin de luchar victorioso contra el dragón".
De ahí que se puede decir que el león es aquel que sabe que el sentido de su
vida depende de una elección, que la voluntad de poder es la realidad última de
la vida. Tiene el valor de diseñar sus propios valores y
vivir conforme a ellos; en consecuencia, la virtud por excelencia vendría a ser
la autenticidad de los propios valores, el cambio de actitud frente a la vida.
Niechzsche
dice que en esta etapa de transformación del espíritu humano, el hombre
experimenta su voluntad de poder, el "yo quiero". Por tanto, ningún
valor debe ponerse por encima de mis propiosvalores, por encima de mi voluntad; pues el
"yo quiero" implica asumir mi propia vida, decidir por voluntad
propia y no que otros decidan por mí. Se trata por tanto de asumir un espíritu
libre donde lo único que prima es la propia voluntad de poder.
Sin embargo
dice Nietzsche, en esta etapa el espíritu humano, entendido como león, se
enfrenta a un formidable adversario, el dragón. "Ese dragón no es
otro que el "tú debes" [...] El "tú debes" le sale al paso
como un animal escamoso y refulgente en oro, y en cada una de sus escamas
brilla con letras doradas el "tú debes". Ese "tú
debes" para Nietzsche es la divisa de la ética kantiana que había
entusiasmado a muchos racionalistas. Asimismo, esa lucha entre el "yo
quiero" y el "tú debes"para Nietzsche es una lucha a muerte,
donde uno de ellos tiene que salir victorioso y donde de ese triunfo depende, o
bien la libertad del espíritu, o bien la esclavitud. Pero el resultado de esta
batalla es el triunfo del león. Pero el león necesita convertirse en niño, pues
es la última transformación del espíritu para conquistar su libertad absoluta y
convertirse en superhombre.
c) Niño. El hecho de que el león haya triunfado no
significa que permanecerá para siempre en ese estado de vida. Para que el
proceso de transformación del espíritu humano llegue a su plenitud, el león se
debe convertir en niño.
Si bien es
cierto diría Nietzsche que el león ha triunfado y ha vencido al formidable dragón,
en él anida un doloroso y lacerante recuerdo que le produce melancolía y hiere
su espíritu, además recuerda su etapa de camello; entonces, ¿Cómo hacer para
que esa experiencia vivida se vaya al olvido? Nietzsche diría que en este caso,
la única forma que implique el olvido es la transformación del león a niño
para evitar el efecto lacerante de la memoria. Pero "¿para qué pues
habría que convertirse en niño el león carnicero? La respuesta sería para
crear, "pues el espíritu lucha ahora por su voluntad propia, el que
se retiró del mundo, conquista ahora su mundo".
El niño es la figura del superhombre: inocente, desconocedor de la
culpa y del pecado, activo jugador que explora el mundo y sus propias
facultades sin ningún temor, asombrado de lo que encuentra y acepta con amor (“un
santo decir sí”). Como un artista libre, mira al mundo desde la óptica del
juego, no admite ninguna regla que no venga de sí mismo. También es olvido,
porque el rencor es para Nietzsche algo característico del creyente, que
destila todo su odio en un castigo eterno, el infierno, deseado por él a
quienes aman esta vida sin pensar en otra, bajo el brazo ejecutor de un Dios
omnipotente que es trasunto de su impotencia. Lejos de estas actitudes, el niño
y el superhombre no tienen tiempo para el rencor, no pueden siquiera pararse a
perdonar las ofensas, porque olvidan rápidamente lo que no merece la pena. Los
gusanos del rencor no anidan en el cuerpo vivo del niño, sino en el muerto de
quien está presa de la manía de los trasmundos.
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