domingo, 18 de diciembre de 2011

EL PASADO MAÑANA DE NIETZSCHE YA ES TAMBIÉN PRESENTE


EL PASADO MAÑANA HA LLEGADO Y CON ELLO LA LLEGADA DEL VERDADERO ÜBERMENSH O SUPRAHOMBRE

"A determinada altura todo coincide y se identifica: las ideas del filósofo, las obras del artista y las buenas acciones". Friedrich Nietzsche.

El espíritu que estaba buscando Nietzsche para el hombre es un espíritu libre, no subordinado a alguna forma de señorío sino a él mismo; pues él mismo debe ser señor de su "yo". Sin embargo, para que el hombre llegue a ese estado de vida, tiene que pasar antes por un proceso que Nietzsche llama las tres transformaciones del espíritu, "de cómo el espíritu se transforma en camello, el camello en león, y finalmente el león en niño". Desarrollaremos este proceso como sigue:
a) El camello. "Muchas cargas soporta el espíritu cuando está poseído de reverencia, es espíritu vigoroso y sufrido". De hecho, para Nietzsche, el hombre se ha vuelto como un animal de carga, lleva en sus espaldas una pesada carga de teorías y tradiciones religiosas porque tiene la esperanza de una "supuesta" vida  eterna después de la muerte. Pero si nos ponemos a pensar sugeriría Nietzsche, nos daríamos cuenta que en el fondo nadie ha experimentado una vida así pensada, y por lo tanto; pensar de esa manera no estamos haciendo otra cosa que refugiarnos en una falsa idea, convertida quizás en monomanía. Esta idea debe ser erradicada de nuestra mente. En el fondo lo que queremos con esa idea de una "supuesta" vida eterna después de la muerte es encubrir nuestro patético miedo a morir. Debemos enfrentar la vida con todas sus contrariedades y contradicciones. Tenemos que asumir que la vida humana es bella, pero también trágica.
Asimismo, pensar que nuestra vida es sólo un peregrinaje a una "vida verdadera", en el fondo lo que estamos haciendo es rehuir nuestra finitud, no queremos aceptarnos como seres exclusivamente limitados. Debemos reconocer que no somos dioses, sino de condición humana, y a veces tan humana que desearíamos dejar de serlo. Incluso el cristianismo diría Nietzsche, en nuestro caso el catolicismo, al igual que el platonismo, consideran que nuestra vida es un peregrinar de la vida finita a la "vida infinita", del tiempo a la eternidad; y por lo tanto resulta que la verdadera vida sólo se encuentra donde ellos la tienen pensada. Esa idea diría Nietzsche, no es real, porque ¿cómo podríamos afirmar con verdad y certeza un pensamiento de ese tipo si nadie está seguro si existe o no? El problema en esto diría Nietzsche es que el hombre está aún en condición de camello y lo único que hace es asumir un "yo debo". Cae, se levanta, y al igual que el camello lleva pesadas cargas, y "así marcha hacia su desierto".
Ese "yo debo" lo asume porque cree que de esa forma se ganará la "vida eterna". En consecuencia, este hombre en condición de camello no hace otra cosa que aceptar los sufrimientos, acepta la vida como un valle de lágrimas por el hecho que según él no se encuentra en una verdadera vida. Cae y a veces se levanta con gran dificultad, pero tiene que hacerlo para ganar "la eternidad", "la verdadera vida feliz". Pero el hombre, no debe seguir viviendo y pensando de esa manera, debe convertirse de camello en león.
b) El león. Este caso diría Nietzsche, es la etapa del proceso de transformación antes mencionado, donde el espíritu "quiere conquistar su propia libertad, y ser señor de su propio desierto [...], quiere ser amigo de su señor y su Dios, a fin de luchar victorioso contra el dragón". De ahí que se puede decir que el león es aquel que sabe que el sentido de su vida depende de una elección, que la voluntad de poder es la realidad última de la vida. Tiene el valor de diseñar sus propios valores y vivir conforme a ellos; en consecuencia, la virtud por excelencia vendría a ser la autenticidad de los propios valores, el cambio de actitud frente a la vida.
Niechzsche dice que en esta etapa de transformación del espíritu humano, el hombre experimenta su voluntad de poder, el "yo quiero". Por tanto, ningún valor debe ponerse por encima de mis propiosvalores, por encima de mi voluntad; pues el "yo quiero" implica asumir mi propia vida, decidir por voluntad propia y no que otros decidan por mí. Se trata por tanto de asumir un espíritu libre donde lo único que prima es la propia voluntad de poder.
Sin embargo dice Nietzsche, en esta etapa el espíritu humano, entendido como león, se enfrenta a un formidable adversario, el dragón. "Ese dragón no es otro que el "tú debes" [...] El "tú debes" le sale al paso como un animal escamoso y refulgente en oro, y en cada una de sus escamas brilla con letras doradas el "tú debes". Ese "tú debes" para Nietzsche es la divisa de la ética kantiana que había entusiasmado a muchos racionalistas. Asimismo, esa lucha entre el "yo quiero" y el "tú debes"para Nietzsche es una lucha a muerte, donde uno de ellos tiene que salir victorioso y donde de ese triunfo depende, o bien la libertad del espíritu, o bien la esclavitud. Pero el resultado de esta batalla es el triunfo del león. Pero el león necesita convertirse en niño, pues es la última transformación del espíritu para conquistar su libertad absoluta y convertirse en superhombre.
c) Niño. El hecho de que el león haya triunfado no significa que permanecerá para siempre en ese estado de vida. Para que el proceso de transformación del espíritu humano llegue a su plenitud, el león se debe convertir en niño.
Si bien es cierto diría Nietzsche que el león ha triunfado y ha vencido al formidable dragón, en él anida un doloroso y lacerante recuerdo que le produce melancolía y hiere su espíritu, además recuerda su etapa de camello; entonces, ¿Cómo hacer para que esa experiencia vivida se vaya al olvido? Nietzsche diría que en este caso, la única forma que implique el olvido es la transformación del león  a niño para evitar el efecto lacerante de la memoria. Pero "¿para qué pues habría que convertirse en niño el león carnicero? La respuesta sería para crear, "pues el espíritu lucha ahora por su voluntad propia, el que se retiró del mundo, conquista ahora su mundo".

El niño es la figura del superhombre: inocente, desconocedor de la culpa y del pecado, activo jugador que explora el mundo y sus propias facultades sin ningún temor, asombrado de lo que encuentra y acepta con amor (“un santo decir sí”). Como un artista libre, mira al mundo desde la óptica del juego, no admite ninguna regla que no venga de sí mismo. También es olvido, porque el rencor es para Nietzsche algo característico del creyente, que destila todo su odio en un castigo eterno, el infierno, deseado por él a quienes aman esta vida sin pensar en otra, bajo el brazo ejecutor de un Dios omnipotente que es trasunto de su impotencia. Lejos de estas actitudes, el niño y el superhombre no tienen tiempo para el rencor, no pueden siquiera pararse a perdonar las ofensas, porque olvidan rápidamente lo que no merece la pena. Los gusanos del rencor no anidan en el cuerpo vivo del niño, sino en el muerto de quien está presa de la manía de los trasmundos.

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